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Se tiene poco conocimiento de los mecanismos que dan lugar a estos problemas de salud que afectan a un porcentaje relevante de infantes durante sus primeros años de su vida.

Las alergias alimentarias y sus manifestaciones físicas (asma, eczema, dermatitis) han aumentado entre los más pequeños en los últimos años. El cuidado por la higiene es cada vez mayor, de manera que la falta de limpieza y aseo no se considera la causa del desarrollo de estas patologías, aunque sí pueda serlo el exceso de higiene. A su vez, las evidencias actuales apuntan hacia un fuerte vínculo entre la dieta, las enfermedades infecciosas del intestino y las alergias alimentarias. Sin embargo, se tiene poco conocimiento de los mecanismos que dan lugar a estos problemas de salud que afectan a un porcentaje relevante de infantes durante sus primeros años de su vida.

El fin de la prevención primaria es evitar la sensibilización a alergenos alimentarios y el desarrollo de las manifestaciones alérgicas asociadas. En muchos casos, se trata de una secuencia de síntomas y trastornos (dermatitis atópica, eczema, asma) que se inician durante los primeros meses de vida y siguen y desarrollan a lo largo de la edad escolar, la adolescencia y la edad adulta. Por ello, la actuación preventiva eficaz es esencial, en particular, en personas de alto riesgo, con el fin de evitar los primeros contactos.

La prevención primaria se sustenta en dos pilares:

1) La identificación precoz, perinatal, de individuos de alto riesgo atópico: historia familiar (progenitores y hermanos) de atopia y determinación de niveles de IgE en sangre de cordón umbilical. Se ha descrito un riesgo entre un 20-40% si sólo uno de los progenitores es atópico, 40-60% si ambos son atópicos, y hasta un 80% si los dos sufren la misma enfermedad alérgica.

2) La instauración de normas dietéticas destinadas a evitar el contacto esporádico o con dosis mínimas de alimentos potencialmente sensibilizantes (leche, huevos, pescado, frutos secos…). Las normas van desde prolongar la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad y adaptar la dieta en la madre con exclusión de los alimentos más alergénicos; el uso de fórmulas ‘hipoalergénicas’ (hidrolizados de proteínas de leche de vaca) a retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos.

Los cambios cuantitativos y cualitativos en la alimentación registrados en las últimas décadas han contribuido al aumento de las alergias. La dieta actual se caracteriza por el consumo de alimentos procesados, modificados, almacenados y transportados a grandes distancias, muy diferente a la dieta tradicional, conformada por alimentos con una producción y comercialización local y un consumo casi inmediato. Al mismo tiempo, se especula sobre la posibilidad de que una dieta baja en antioxidantes o la ingesta insuficiente de ácidos grasos poliinsaturados tengan su influencia en la aparición de alergias. No obstante, las pesquisas realizadas en estas direcciones revelan resultados diversos y contradictorios.

Podéis leer mi artículo que publiqué en Consumer.