pescado

¿Qué es lo que realmente estamos comiendo? Esta es una pregunta que, seguro, nos hemos hecho de manera más o menos consciente, y con mayor o menor preocupación, muchos de nosotros como consumidores diarios y, en muchos casos, ‘comedores voraces’ de tantos y tantos alimentos.

El discurso de que la calidad de los alimentos es mayor, y que la industria alimentaria y de tecnología de alimentos hace mucho esfuerzo por ofrecer más y mejores alimentos es, cuando menos, discutible. Mucho tiene de cierto. Y otro tanto, en mi opinión, es discutible. En este artículo, te daré las claves para reflexionar sobre este asunto y descubrir el riesgo que entrañan algunos pescados.

¿Alimento o mezcla de aditivos?

Cierto es que son cientos de miles los alimentos cotidianos colmados de aditivos; saborizantes, colorantes, estabilizantes, emulsionantes, espesantes, antioxidantes, antiapelmazantes… y así, hasta el infinito. Esto a mí, personalmente, me ha llevado a catalogar los alimentos en ‘alimentos’ o ‘comestibles’. En esta última categoría entran, entre algunos a resaltar; fiambres de pollo y pavo, incluso el jamón york y tantos embutidos…; zumos a base de agua y aditivos tipo Sunny Delight; margarinas; copos de cereales de desayuno que son una masa de azúcar y colorantes; panes de molde o bollería industrial; gulas, txaka y demás productos tipo surimi… entre un largo etcétera.

Escándalo por fraude en la producción alimentaria

Como estamos en el mundo de la sobreproducción, no cabe duda de que para muchos productores de alimentos, bien sea de producción animal como vegetal, prima la cantidad y queda a un lado la calidad. Recordaréis el fraude alimentario y el gran engaño al consumidor de la comercialización de hamburguesas de ternera que, en realidad, contenían un porcentaje variable de ‘carne de caballo’. Con el riesgo que esto puede suponer a la Salud Pública ante la falta de control sanitario del sacrificio y posterior manipulación de este tipo de carnes.

Y el tema de los alimentos transgénicos…

Las consecuencias están por venir…, o ya están aquí. Mi recomendación a las personas que atiendo en consulta, y a ti, lector, es que si comes productos de maíz (tortitas, palomitas, harinas, etc), procura que sean ecológicos. Lo mismo con la soja. Estos, son los dos principales alimentos, al menos declarados, de mayor producción transgénica.

Crisis alimentarias

A esto se suma que, periódicamente, como si fueran ciclos, emergen problemas de salud graves derivados del consumo de alimentos masivamente infectados (gripe aviar, peste porcina, vacas locas) o contaminados, como la crisis por ingesta de leche infantil adulterada con melamina…

La próxima, ¿cuál será? Si veis el vídeo de la producción de pescado de piscifactoría que os adjunto, da qué pensar.

 

Pescado, ¿no tan sano?

Y esta reflexión me ha venido a la cabeza para recomendaros encarecidamente, que visualicéis el documental emitido hace unas semanas por TV2 sobre una investigación relativa a la producción industrial de pescados de piscifactoría.

Me sentí en la obligación moral de hacer difusión masiva entre las personas que atiendo en consulta, y aprovecho este medio para poder llegar con esta información a más personas que muestran inquietud por lo que comen. Y que quieren comer sano.

En resumen, el pescado, sobre todo, el de larga vida (grandes túnidos tipo atún, bonito, otros, tipo pez espada, marrajo…), puede contener tóxicos (metales pesados como mercurio, contaminantes tipo PCB), pero esto, tristemente, no es ninguna novedad. En palabras del Dr. Elorza, “el gran problema es que el mar es el gran estercolero de la tierra y ahora empezamos a darnos cuenta de los efectos. Lo que ocurre es que en nuestra cultura, parece que los pescados eran el recurso de las personas delicadas y hoy en día, todos los productos alimentarios pueden ser un riesgo potencial para la perdida de la salud.

Por ello, desde aquí te animo a que apuestes por los pescados salvajes, y mejor aún, por pescados pequeños, tipo anchoas, sardinas, verdeles o caballas, chicharros, lenguado, gallo, salmonetes… En la medida de nuestras posibilidades, evitemos, o cuando menos, reduzcamos la exposición continuada a aquello que sabemos, no es tan bueno.