Menús escolares

¿Cómo es la comida que se sirve en los colegios? ¿Son los menús escolares de calidad? En el cole de mis peques hay un incipiente, aunque cada vez más visible, interés por la comida más natural, integral y ecológica.

Van teniendo presencia los alimentos ecológicos, de producción local y de cercanía, además de los pescados no procesados, guisos de legumbres, e incluso algún cereal integral… Y, por otra parte, cada vez se atienden de una manera más fluida los casos de intolerancias alimentarias. Aun cuando puede parecer este un ejemplo concreto, no creo que sea anecdótico: sinceramente, pienso que, como en este cole, en otros tantos se sigue esta misma senda… Y me alegra mucho.

Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer.. ENTRE TODOS.

Aquí, el testigo lo deben coger los padres y madres, porque somos los principales responsables y educadores de la alimentación de nuestros hijos e hijas. Sin lugar a dudas. Debemos ser exigentes tanto con la dirección del centro, como con la empresa de restauración o catering, y exigir alimentos de calidad, apostar por los productores locales y por las preparaciones más naturales. Y sí, la calidad tiene un valor. Y el valor tiene un precio. Pero la salud no se compra, se merece. Y todo lo que se merece requiere un esfuerzo, económico también.

Recuerdo que en los años que estuve al cargo de la sección de Alimentación tanto de la revista EROSKI CONSUMER como de la web, participé en el diseño, análisis y evaluación de los menús escolares de distintos puntos de la geografía nacional durante varios años… Concretamente, desde 1998, año en el que realizamos el primer análisis, hasta 2012 en el que participé en el último. En ese periodo de tiempo, se reconocen “mejoras en algunos aspectos dietéticos, pero también carencias alimenticias injustificables”. Y la pregunta que hoy nos hacemos es: ¿Hemos avanzado respecto a ese momento? La respuesta es SÍ: hay más conciencia, más presión, mayor interés. Queda menos camino por recorrer, pero todavía no se ve el final.

Por ello hoy te invito a analizar conmigo esos obstáculos que tenemos en nuestro viaje y cómo podemos sortearlos. Vamos a ello:

Aspectos cuestionables de un menú escolar:

1. Alimentos refinados. Pan blanco. Arroz blanco. Macarrones y espaguetis refinados. Azúcar blanca. La alternativa de ofrecer panes integrales y de semillas debería ser un hecho. La posibilidad de ir probando platos con arroz integral o con macarrones o espaguetis integrales debiera existir. Sería interesante que este mismo planteamiento lo tuvieran las familias, para ser coherentes con el mensaje.

2. Escasa variedad de verduras: verduras en puré o alubias verdes con patata, y poco más. La presencia reiterada de variedad de verduras como plato principal en los menús escolares, o como acompañamiento a carnes o pescados les da mayor entidad a estos alimentos, tan imprescindibles en una dieta sana y balanceada. Los menús de invierno debieran tener presentes platos con brócoli, berza, coliflor, cardo, menestra, acelgas, borraja…; cara al buen tiempo más guisantes frescos, ensaladas variadas y combinadas con arroz, con pasta, con garbanzos…

3. Segundo plato: no siempre proteína animal. La presencia de proteína animal (carnes, pescados o huevos) en los menús escolares es, en mi opinión, exagerada y en muchos casos, omnipresente. Sí, es cierto que luego se puede compensar en la cena, pero marca una tendencia de alimentación hiperproteica de la que luego no es fácil desengancharse. ¿Qué tal si el menú ofreciera dos días por semana legumbre mezclada con arroz o cuscús y precedida de una buena ensalada o de un buen plato de verdura? ¿Por qué no servir como “segundo plato” una paella con tropiezos de pollo, o con algo de pescado o calamares, o un arroz a la cubana o un arroz tres delicias que ya lleva tacos de tortilla? ¿Y un segundo de macarrones con atún o espaguetis a la boloñesa?

4. Guarniciones monótonas. Lechuga o patatas fritas de guarnición. Hay muchas otras opciones para dar a probar a los peques: Tomate natural, calabacín pochado o al horno, cebolla estofada, pisto, patatas panadera, pimientos, escalibada, alubias verdes con ajitos, guisantes, patatas, guisantes y zanahoria… Y así, hasta el infinito.

5. Postres dulces. Siempre fruta fresca, debiera ser. Los lácteos endulzados, bollos, postres dulces, tartas, helados… debieran quedar relegadas a la elección familiar, de manera que se distorsionara lo más mínimo la educación alimentaria familiar. ¡Con lo que cuesta inculcar buenos hábitos alimentarios! ¿Por qué ofrecer lácteos azucarados? ¿Qué necesidad hay de dar un pastel de postre cada semana? Si hay quien ve estas cuestiones exageradas y quiere ser más permisivo… ningún problema. A la salida del cole, como merienda, le puede llevar a su hijo o hija aquello que más desee. Respeto mutuo.

6. Menús escolares sin gluten. Y sin PLV (proteína de leche de vaca). Y opciones sin huevo… Logramos de esta manera dar respuesta a todos aquellos niños y niñas que no pueden incorporar gluten o proteína de leche de vaca en su dieta. No es un capricho: es salud.

Lo cierto es que nos preocupamos por nuestros hijos en todo momento, qué hacen, con quién están, qué les duele, cómo se relacionan… La alimentación debe de estar en un lugar preferente dentro de los aspectos que hay que velar. Es lo que nos llevamos a la boca, lo que nos hace crecer, lo que contribuye a que estemos sanos… o suframos enfermedades.

Comer bien y aprender a comer de una forma saludable es una de las mejores herencias que podemos dejarles.

Crear en ellos buenos hábitos alimenticios hará que se conviertan en personitas sanas y fuertes, responsables y respetuosas. Pensar que todo esto lo vamos a conseguir solo con la comida de casa, no es suficiente. Si se quedan a comer en el cole, debemos de saber qué comen, cómo preparan esos platos, cómo los conservan, cuál es el origen de los productos y qué criterios siguen para elaborar los menús. Son nuestros hijos. Es su alimentación.

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