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¿De qué sirve leer las etiquetas si estas mienten? Esta es la primera gran pregunta que me hice al ver esta noticia publicada en El Confidencial: según el último estudio del grupo Oceana, uno de cada cinco pescados está mal etiquetado. Te animo sinceramente a que lo leas con detenimiento.

Y a esta primera pregunta, sin que pasara ni un solo segundo más, le acompañaron otras que asaltaron mi cabeza:

- ¿Qué comemos verdaderamente?
– ¿Por qué nos dan gato por liebre?
– ¿De verdad nadie puede parar esto o no interesa hacerlo?

Etiquetar mal un pescado va mucho más allá de cometer un error en un texto.

Decir que es atún, cuando en realidad nos están dando rabil o bacoreta es mucho más que un fraude: puede entrañar un riesgo para la salud de las personas que, por un motivo u otro, no pueden consumir ciertos alimentos.

Pescado e histaminosis

Ya en particular, desde el prisma de quienes tienen histaminosis alimentaria, el peligro es aún mayor. La histamina es uno de los marcadores que revelan la falta de frescura en un pescado. Si la etiqueta miente en el contenido, tampoco tendrá remordimientos en ocultar la fecha en la que ha sido pescado. Si un pescado no es tan fresco como lo pintan, contendrá niveles elevados de histamina que repercuten en la salud de la persona.

¿Y qué hacemos ante el fraude real que existe en el pescado? 

Mi más sincera recomendación es comprar únicamente en aquellos lugares que sean de nuestra total confianza y preguntar a nuestro pescatero sobre el lugar de procedencia de los diversos pescados.

Y, ante todo, tal y como te contábamos en nuestro primer artículo sobre este tema Pescado, no tan sano, presta atención al origen de los alimentos y al proceso que viven hasta llegar a nuestras mesas.

Y todo ello, porque nos merecemos una alimentación sana y real. Queremos saber qué comemos. ¿Tanto pedimos?