Carro de la compra

Lo reconozco: tengo el defecto de mirar de reojo los carritos de la compra de las personas que me cruzo en un establecimiento. Entiendo que es difícil no sucumbir a tentaciones en los supermercados o en las tiendas cuando uno hace la compra, más aún si vamos con hambre. Sin embargo, creo que todos nos tenemos que esforzar en ello mucho más de lo que lo hacemos.

Comprar es un ejercicio que exige, además de tener las ideas claras de lo que se necesita acorde a los criterios de una alimentación segura, sana y equilibrada, contar con tiempo y unos conocimientos mínimos en nutrición para escoger lo más saludable.

La amplia oferta de alimentos apetecibles y tentadores, pero totalmente superfluos, dificulta en gran medida conseguir tal propósito. Y a ello se suma el desconocimiento en asuntos dietéticos, que se ve empeorado por etiquetas colmadas de mensajes aparentemente saludables pero en muchos casos ambiguos. Me explico:

Quien se encarga de la compra, para hacerla lo más sana posible, debe esquivar mensajes confusos como “natural”, “artesano”, “sin aditivos”, “sin conservantes”, “bio”… Aunque den la sensación de ser una garantía de comida saludable, no siempre son reales.
Si además, la persona tiene alguna limitación alimentaria por salud o intolerancia alimentaria, el tema se complica. A los mensajes anteriores se suman otros en los que muchos confían plenamente, y que yo recomiendo verificar y contrastar observando detalladamente la lista de ingredientes.

Me refiero a esos mensajes escritos en letras grandes y llamativas que rezan expresiones como las siguientes: “sin lactosa”, “sin leche”, “sin gluten”, “sin trigo”… No te las creas de buenas a primeras: no es seguro confiar en dichas menciones. Solo debes hacerlo si has comprobado que la lista de ingredientes es segura.
¿Quieres un caso concreto? Sucede, por ejemplo, que las galletas que alegan ser “sin lactosa”, llevan “aromas” dentro de sus ingredientes. Este componente suele ser derivado de la leche y, por tanto, se debe evitar en caso de “histaminosis a la proteína láctea”.

Consejos seguros a la hora de hacer la compra:

1) Lee la lista de ingredientes SIEMPRE: este paso es IMPRESCINDIBLE
2) Escoge los alimentos más naturales y ecológicos, donde primen los alimentos frescos, los menos procesados, integrales o semiintegrales y con el menor número de componentes y aditivos.
3) Prescinde de aquellos productos elaborados artesanalmente que no se encuentren etiquetados (ya que no podrás comprobar el listado de ingredientes). Lo mismo sucede con los alimentos que se venden a granel y no cuentan con etiqueta (aceitunas u otros encurtidos, mezclas de frutos secos, etc).
4) Presta mucha atención a los siguientes productos y comprobarás con sorpresa la ingente cantidad de aditivos que llevan: salsas, cremas y sopas preparadas, platos precocinados, cubitos para sopa y sazonadores, zumos envasados, embutidos, salchichas y demás productos de charcutería, conservas, preparados a base de pescados (palitos de cangrejo o txaka, gulas, surimi y similares). Lo mismo pasa con chicles, caramelos y demás golosinas. ¿Son alimento o comestible? Sobre este tema tengo pendiente escribir un post. Os invito a leer este que habla sobre los ingredientes similares que llevan productos distintos.

Aprender que la comida sana ha de ser natural fortalece al consumidor a la hora de juzgar con criterio la oferta alimentaria.

Incluso, le confiere un grado de catador que le permite discriminar los sabores artificiales de los auténticos.

Ante la gran variedad de alimentos y la alta calidad de muchos de ellos, el reto para el consumidor está en escoger los mejores productos con la mejor relación calidad-precio y que esté acorde con su situación y necesidad.

Pero no solo eso. Cualquier momento no es el más indicado para hacer una compra saludable. ¿Es la mejor de las ideas llenar la cesta de la compra con prisa y con hambre? ¡Ambas son malas compañeras! Como tampoco ayuda en esta tarea dejar espacio a la improvisación. Cuando se improvisa, es más fácil errar. Especialmente, cuando no tenemos un gran conocimiento o experiencia.

Por ello, tenlo claro: si vas a comprar, piénsalo antes, hazte una idea de lo que quieres y acude con el estómago lleno… o volverás con más de un producto que ni necesitas, ni te conviene.

¿Tienes en mente algún otro consejo que a ti te funcione y quieras compartir con nosotros? ¡Ni lo dudes! Me encantan tus comentarios.