chichas

Soy incapaz de comprar mortadelas, salamis, fiambres, cabeza de jabalí, ni tampoco salchichas tipo Frankfurt, patés de hígado de cerdo… Hasta me cuesta muchas veces comprar un jamón york por la cantidad de aditivos que veo que le añaden. ¿Te has fijado que muchos llevan proteína de leche? Y almidones, y proteína de soja, y lactosa, caseínas, caseinatos, suero de leche, sólidos lácteos, espesantes, fécula, gluten, harina, sémola, estabilizantes, aromatizantes, potenciadores del sabor… ¡Tremendamente preocupante! Más si tienes una intolerancia o una alergia alimentaria a la leche, al gluten o al trigo, a la soja…

Esta reticencia, más bien este desprecio a este tipo de productos (comestibles diría yo), se confirmó cuando un día se me ocurrió comprobar qué diferencia había entre ellos en cuestión de ingredientes.

Pude comprobar cómo aunque se venden como productos distintos, son prácticamente iguales. Los distintos aditivos y el orden en cantidad añadida de los ingredientes, son los que marcan la diferencia de sabor, color y aspecto.

A partir de la carne magra de cerdo, mezclada con otros ingredientes del animal (tocino o hígado) y junto con un cóctel de aditivos, se fabrica la mayoría de los productos de charcutería, desde salchichones y mortadelas hasta salchichas y patés.

En este artículo titulado ‘Distintos alimentos, mismos ingredientes’ hpuedes comprobar todo lo que te estoy contando.