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Es evidente la necesidad de romper el ayuno después de tantas horas sin comer. Es clave para seguir suministrando energía a nuestro organismo, más cuando se prevé un día con un montón de cosas que hacer y un montón de cosas en las que pensar. Sin glucosa, nuestro cerebro no va bien.

Quiero cuestionar los tipos de desayunos que se recomiendan en general, y que en mi opinión, distan mucho de ser la combinación más acertada e idónea de alimentos.

Cuando se dice que el desayuno ideal es ‘leche, cereales y fruta’, yo me planteo las siguientes cuestiones:

– Cereales, ¿cuáles?; leche, ¿te duele la tripa justo después de tomar el tazón de leche? (no siempre son nervios, igual es que no sienta bien el alimento); zumo de fruta (si son preparados, hay zumos de fruta que de fruta casi nada tienen). A la hora de desayunar no todo vale si lo que queremos con el desayuno es sentirnos con más fuerza, con más energía y con la mente más despejada. He aquí algunos ejemplos:

– Leche con galletas y zumo. Demasiada azúcar de golpe.

– Leche con cacao y copos de chocolate o con cereales chocolateados o con cereales con miel, en definitiva, cereales azucarados. Demasiada azúcar de golpe

– Leche con cacao y pan con mantequilla. ¿No es mejor pan con aceite de oliva?

– Magdalenas o un bollo para empezar el día. ¿Qué tal si reservas la bollería para el sábado, con una rica porción de bizcocho casero?

– Zumo en el desayuno. ¿No es más sano comer la fruta a trozos, frutas distintas según la temporada?

– Café a todas horas del día…

Mis pacientes saben que uno de los primeros planteamientos dietéticos de cambio que incluye la pauta son los desayunos. Apuesto por los cereales integrales, por el grano entero o por los copos naturales (de avena, de arroz, de mijo, de sarraceno…), por las cremas de cereales de elaboración propia o por el arroz con bebida vegetal a la canela.

Te animo a que experimentes tu mismo o tu misma este cambio, y notes la diferencia.

Puedes leer aquí sobre el valor de probar el arroz para desayunar.